Puertos olvidados del norte entrerriano: una investigación busca recuperar su memoria para pensar el futuro
La idea, resumió, es "poder revisar la historia de estos puertos" para que esa memoria no se pierda.
Hubo un tiempo en que el río Paraná era la ruta. Los vapores que unían Buenos Aires con Asunción del Paraguay hacían escala en pequeños puertos de la costa entrerriana, y pueblos como Brugo o Curtiembre llegaban a tener miles de habitantes. Esa historia, en gran parte olvidada, es la que hoy intenta recuperar el docente e investigador Facundo Gómez.
Su trabajo apunta a algo más que a la nostalgia. Gómez busca reconstruir "la historia de nuestro río, que no siempre estuvo ahí a la vera de que algún privado haga un negocio", y recuperar el rol social que cumplía el Estado cuando el río era una vía de comunicación.
En diálogo con Un martillo para darle forma, por Radio Plaza, el investigador defendió la importancia de sostener ese pasado como "parte de la memoria colectiva". La idea es mostrar que lo que alguna vez existió puede volver a existir.

Una investigación que nació en el río
Desde 2024, Gómez integra el Proyecto de Investigación y Desarrollo (PID) "El distrito fluvial Paraná Inferior/Medio, 1910-1943". Ese trabajo lo vinculó con el equipo del Instituto de Estudios Sociales (INES-CONICET), que lo invitó a sumarse a su espacio de prácticas de investigación.
Su línea de estudio se centra en el rol de los puertos de Curtiembre, Brugo, Hernandarias y, más tarde, Piedras Blancas, con su fábrica de yeso. En una región sin rutas, esos puertos suplían la falta de caminos y usaban el río como sistema de transporte.
Hace un año, Gómez comenzó a reconstruir la historia de las obras públicas que, a principios del siglo XX, dotaron a esas localidades de un sistema portuario en desarrollo. Hoy, esa tarea se convirtió en su tesis doctoral en Ciencias Sociales.
"Hay un laburo que estamos haciendo desde hace un tiempo vinculado a lo que es el patrimonio histórico de la provincia, que muchas veces ha quedado muy pendiente", explicó. "El trabajo tiene que ver con la recuperación de lo que son los archivos históricos de los distintos puertos del norte de Paraná".

Cuando el río era la ruta
"El río Paraná desde siempre ha sido un espacio o una vía de transporte", recordó Gómez. Durante muchísimo tiempo, explicó, fue "una vía fluvial de transporte, de pasajeros, de carga, administrada por el mismo Estado Nacional".
En ese esquema, cada puerto tenía un flotante, una estructura que hoy muchos asocian solo con Hernandarias. "Quien haya visitado alguna vez Hernandarias conoce el flotante", planteó. "Bueno, está bueno saber que, por ejemplo, como ese flotante, había uno también en Brugo, había otro en Curtiembre".
Esos flotantes "cumplían la función de ser como una especie de posta" en el recorrido de los vapores que navegaban desde Buenos Aires hasta Asunción del Paraguay. "Había uno en cada puerto y cumplían una función re importante para que la gente pueda embarcarse", agregó.

Hechos por el Estado, de principio a fin
Uno de los ejes de la investigación es el papel que cumplía el Estado en todo el proceso. "Los flotantes los fabricaba el Estado Nacional (...), los instalaba el Estado Nacional y eran mantenidos por el Estado Nacional", resumió Gómez.
La construcción comenzaba en la Isla de Marchi, donde funcionaba el astillero del Ministerio de Obras Públicas. Allí se fabricaba la estructura inferior, que luego era trasladada al puerto de Paraná para terminar las obras. Después, el propio personal del Ministerio remolcaba los flotantes hasta cada localidad y los instalaba.
"El puerto Paraná fue un puerto logístico enorme durante muchísimo tiempo", destacó. El investigador recordó "la cantidad de gente que trabajaba, que estaba empleada todos los días", y la variedad de oficios que reunía: carpinteros, herreros, calafateros. "Todo eso se encargaba de trabajar y de mantener y de construir" esas estructuras.

Qué fue de los flotantes
Gómez intenta reconstruir el recorrido que siguieron esas estructuras tras el cierre de los puertos. "Son estructuras enormes", remarcó. En el caso del flotante de Curtiembre, la última pista que encontró indica que fue vendido a Paraguay.
El único que sigue en su lugar es el de Hernandarias, aunque hoy no está en funcionamiento. Según se informó en el programa, lleva unos 65 días fuera de servicio porque se rompió la planchada de acceso, y hay un reclamo para que vuelva a habilitarse.
Para Gómez, el deterioro de estas estructuras forma parte de un proceso más amplio. Hoy, el río Paraná está en discusión "desde otro lado", con lo que definió como "la extranjerización casi que total de la vía fluvial con la hidrovía".
Pueblos que se vaciaron
El impacto del cierre de los puertos quedó registrado en los censos. "Pensemos que Brugo, para 1930-1940, tenía 4.500 habitantes; Curtiembre tenía 2.500, y después de que el puerto se cierra, bajaron a 200-300 habitantes de cada localidad", detalló Gómez.
"Cuando uno va a los censos pasa eso", agregó. Eran puertos "más chicos, pero que tenían una actividad intensa", y su declive arrastró a las comunidades que vivían alrededor del río.
Mirar el pasado para imaginar otro futuro
Para Gómez, recuperar esta historia tiene un sentido que va más allá del archivo. Se trata de mostrar que el río puede volver a ser un espacio con un rol social y no solo un lugar de negocios privados. "Si no, nos terminamos convenciendo de que no se puede hacer nada", advirtió.
En ese camino, destacó una iniciativa concreta: "Hay un proyecto muy lindo de la Escuela 100, de pedir la cesión de una parte de lo que era el viejo edificio del Ministerio, para que los chicos hagan sus prácticas profesionalizantes ahí, en esos viejos talleres". Es decir, que los mismos espacios donde se construían los flotantes vuelvan a ser lugares de formación.
Aunque reconoció que el rumbo actual parece ir en otra dirección, insistió en la necesidad de dar esa discusión: "Hay que defenderlo y hay que tratar de sostener que es parte de la memoria colectiva de una ciudad".
Digitalizar la memoria para las próximas generaciones
Las localidades se interesaron en recuperar ese pasado, y el trabajo avanza a través de convenios con el INES y la universidad para digitalizar el patrimonio documental. "Estamos trabajando en un convenio ahora con el municipio de Hernandarias para poder digitalizar el material", precisó Gómez.
El objetivo es "que ese proceso de digitalización sirva como fuente para futuros historiadores". También evaluar la edición de libros "que de alguna manera relaten la historia de nuestros puertos y de nuestras localidades".
Gómez recordó, además, un antecedente reciente: el libro sobre el puerto de Paraná editado por la editorial de la UNER, de la mano de Pereira, Larker, Natalia Vega y Walter Musich. Él integró ese proyecto de investigación hasta el año pasado, abocado a los flotantes, mientras el resto del equipo trabajó sobre el puerto de Paraná y recuperó sus imágenes. "Ese libro es una maravilla, porque uno veía la actividad que se llevaba adelante", destacó.
La idea, resumió, es "poder revisar la historia de estos puertos" para que esa memoria no se pierda.
Análisis.
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